TRABAJADORAS SIN DERECHOS

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Lucía Sauma
REMTE BOLIVIA

¨En la mayoría  de los casos somos madres solteras, que tenemos que llevar toda la responsabilidad de una familia, sin ganar ni siquiera un mínimo nacional ¨, dice Graciela Parada, Secretaria de Género de la Federación de Fabriles de Riberalta, Beni (FTFB). Las trabajadoras de la castaña durante este tiempo de la pandemia han sido gravemente afectadas porque aguantaron duras cuarentenas, varios encapsulamientos y no tuvieron ayuda de ninguna autoridad ni regional, ni departamental o nacional.

Tereza Yarari, Secretaria Ejecutiva de la FTFB, habló de los despidos que sufrieron las mujeres del sector con el argumento que la castaña no se está comercializando, lo que ocasionará el cierre de las fábricas. Estos despidos se realizan sin que los empleadores cumplan con el pago de desahucios ni el pago de los salarios devengados. La federación realiza las denuncias de estos despidos y también lucha por la reincorporación de las trabajadoras despedidas sin que el Ministerio de Trabajo intervenga con eficiencia y de acuerdo a la Ley

El sector de la castaña emplea a mujeres en un 95%, por tanto se puede hablar de un trabajo principalmente femenino que conlleva todas las características de los trabajos asignados a las mujeres: bajos salarios, largas jornadas, trabajos temporarios, inestabilidad laboral, poca o ninguna recalificación,  capacitación o tecnificación.

En el caso de las fabriles de Riberalta generalmente su trabajo es familiar, es decir que sus hijos desde los 14 años pueden trabajar en las beneficiadoras de la castaña. Ellos son los primeros que con la pandemia dejaron esta ocupación, puesto que ya no les permitieron hacerlo y que significa un duro golpe a la precaria economía de las trabajadoras y sus familias que generalmente son numerosas y pesan sólo en los hombros de las mujeres.

Durante la pandemia estas trabajadoras perdieron varias de sus conquistas, las que consiguieron en muchos años de lucha. En la coyuntura que atraviesan, demandan que se respete la estabilidad laboral, los convenios y acuerdos que se firmaron entre trabajadores  y empleadores. Ahora ya no se las contrata mensualmente en una planilla, los contratos se dan en forma semanal o diaria y por tanto el concepto de salario y mucho más de beneficios sociales han desaparecido, dando paso a una mayor precarización laboral. Y aunque esta situación se ha agravado con la pandemia, la vulneración de derechos laborales se da desde hace tiempo, siempre con el argumento que la almendra tiene un bajo precio en el mercado internacional, lo que da paso a que el salario de estas mujeres no llegue ni a un salario mínimo nacional y ellas acepten estas condiciones por conservar el empleo y también por falta de información certera sobre sus derechos, la normativa laboral nacional y la fuerza que tienen con sus organizaciones sindicales.